Esto es una muestra de lo que NO quiero para mi barrio. Aquí somos personas, no bestias pardas.
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viernes, 2 de noviembre de 2007
Jaulario
sábado, 20 de octubre de 2007
La Sartenilla
En una de las esquinas de la rotonda de Alcampo encontramos un resto del pasado, un pasado de hace 20 años, el cortijo La Sartenilla. Hace 20 años, el barrio en el que nos encontramos no era como lo conocemos actualmente, ni mucho menos. Era un descampado. Alcampo, el alma del barrio, como ha quedado dicho, no existía. Pero llegaron los constructores y fueron urbanizando, no siempre con buen tino. Desconozco el orden de construcción, pero poco a poco fueron apareciendo el edificio Puerta del Sol y su hermano gemelo Horizonte, el Alcampo, la avenida Joaquina Eguaras con sus árboles raquíticos, toda la fila de casas paralela a la carretera de Jaén, la Estación de Autobuses, etc.
Los constructores, supongo, habrían querido echarle el guante al Cortijo la Sartenilla, pero por alguna razón no pudieron. Eso sí, compraron terrenos que pertenecían al cortijo y menos de lo que se persigna un cura copto construyeron justo enfrente, en otra de las esquinas de la rotonda, unos cuantos bloques de pisos.
Pero La Sartenilla permanece como un oasis en el barrio, casi "como un desafío al implacable gris local" (la cita es de una canción de Vainica Doble). Se trata de un cortijo con una casa de varias plantas acondicionada para personas con dificultades de movilidad. Está encalada y tiene las persianas verdes. Desde fuera no se percibe gran cosa porque la vegetación de la verja reserva la intimidad de las miradas curiosas (por ejemplo, la mía). Tiene piscina, aparece en varios libros de cortijos de Granada. Al parecer ya ha perdido el interés para los constructores porque la ley de ordenación urbana solo les permitiría construir tres viviendas adosadas, y claro, eso no es negocio. Pero, ¡ojo!: las leyes cambian.
En todo caso, La Sartenilla sigue siendo una joya en el barrio, como el Camping Motel Sierra Nevada. Pero en el caso de La Sartenilla, se trata de una joya de disfrute privado. Al menos, ahí está. Esperemos que sobreviva a la fiebre del cemento y el mal gusto.
jueves, 20 de septiembre de 2007
Los ex cines del barrio
Ahora no hay nada, excepto las viejas escaleras metálicas exteriores en esa esquina aún más fea que el resto de la explanada porque está justo enfrente de la salida del aparcamiento en superficie y del subterráneo. ¡Un auténtico horror!
Dentro han diseñado un espacio para consumir más: más coca-cola, más palomitas, más trozos de pizza precocinada... No sé si han reservado también un espacio para el esparcimiento de los niños.
En fin, antes por lo menos estaban los cines y eso atraía a otro tipo de público y le daba cierta vida a todo el recinto a partir de las 22h. Me gustaría recuperar aquella torpe programación: menos da una piedra.
¡Queremos cines en el barrio!
martes, 18 de septiembre de 2007
Granada 13
Pues ha llegado la hora de buscarle un local en el barrio al Séptimo Arte alternativo, y en la avenida Joaquina Eguaras encontramos este. Yo creo que aquí se podría abrir una sala de cine ajena a las multinacionales y a esa nueva ley de cine que tantos profesionales del sector rechazan.
Sería una sala de unas 150 butacas, con una pantalla apropiada para las dimensiones del local y una proyección exquisita: buen sonido, insonorización, buen foco, cuidada decoración y cuidada selección musical antes de que empezara la película... La programación correría por cuenta de un consejo de programación compuesto por un grupo de personas que amaran el cine, que se asesoran con reputados profesionales, gente que viajara a festivales y explicara a productores y a directores en qué consistía este proyecto de cine en un barrio que lucha por convertirse en otra cosa, en un espacio de convivencia e intercambio cultural. Por supuesto, las sugerencias del público serían estudiadas y tenidas en cuenta a la hora de elaborar esta programación.
El nombre le viene porque este es el distrito 13 y porque antes hemos tenido en Granada una ventana de aire fresco cinéfilo en el cine Granada 10, recién -¡ojalá!- rehabilitado. Por lo demás, nos fijaríamos en lo que fueron los cines Alphaville, ahora reconvertidos en Cines Golem, en la milla de oro del cine en VO de Madrid. Hojas de sala, una pequeña librería-tienda de souvenirs cinéfilos; películas de estreno, como Persépolis, un film de animación que representa a Francia en los Óscars, a pesar de estar dirigida por una directora iraní; recuperación de filmes necesarios como Los atracadores, Plácido, Una giornata particolare, Léolo, Cenizas del paraíso o Las invasiones bárbaras; películas divertidas como Zoolander, El gran Lebowski o Mujeres al borde de un ataque de nervios; películas bonitas que nutren la alegría de vivir como Desayuno con diamantaes o El perro del hortelano; películas que nos retratan como Cocina y dependencias o Como en las mejores familias; películas polémicas como Los idiotas, Dancer in the dark o La pelota vasca.
Ciclos de Stanley Donen, Douglas Sirk, Hitchcock, Bette Davis, Cary Grant, Catherine Deneuve, Patrice Chéreau, Luis Berlanga, Jerónimo Mihura, Edgar Neville, Conchita Montes, Carmen Maura, Chus Lampreave, Amelia de la Torre, Concha Velasco, José Orjás, José Luis López Vázquez, Julia Caba Alba, Candela Peña, Maurice Pialat, Fanny Ardant, Gérard Depardieu, Agnès Jaoui, Vanessa Redgrave, Tim Robbins, Sean Penn, John Waters, Bertrand Tavernier, Ángela Molina, Luis Buñuel, Carole Bouquet, Cecilia Roth, Agnès Varda...
En fin, soñar no cuesta nada.
Granada -y no solo el barrio- es una ciudad inquieta que merece un mejor trato cinematográfico. La oferta actual es sencillamente siniestra desde que cerraron el cine Aliatar -tampoco antes era para tirar cohetes. Es cierto que el local necesitaba una reforma integral y que seguramente no era rentable, pero allí hemos seguido yendo hasta el final y no solo de rentabilidad vive el hombre. Tenemos la esperanza de recuperar ese cine. Y también el cine Goya de la calle Puentezuelas, un local abandonado actualmente. Hago una llamada -una súplica- a Enrique González-Macho, responsable de Alta Films y de los cines Renoir de media España, para que venga a Granada a salvarnos del páramo cinematográfico en el que nos encontramos. Y si quiere empezar por mi barrio, miel sobre hojuelas.
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martes, 11 de septiembre de 2007
Torre, reloj y espejos
Quienes vivimos en el barrio, estamos deseando que se termine este edificio de oficinas de la Junta de Andalucía y que empiece a funcionar. No sabemos nada sobre la fecha de acabado, pero parece que, con la mirada juntil puesta en las elecciones autonómicas de marzo próximo, se han dado las órdenes oportunas para que esta obra no se convierta en El Escorial II. Y así, desde primeros de septiembre, se observa un cierto frenesí de obreros y grúas, por lo que es de prever que tendremos inauguración oficial en los próximos meses. La ocasión para sacarle a Chaves, cuando venga a cortar la preceptiva cinta, uno de esos pisos que él a su vez se saca de la chistera.
Tampoco sabemos nada de los servicios que va a acoger este gran edificio, con mucho gusto por el espejo, como se deja ver. ¿Servicios sociales, vivienda, ética y estética...? No lo sabemos.
Lo que sí se sabemos es que subirá la densidad de población funcionarial en el barrio, esa gente que gusta de tomarse sus buenos 45 minutos para desayunar, y ya puestos, hago también la compra, total, son 15 minutos más, si es aquí al lado. Pues este es el lugar indicado para ello, porque si algo florece con envidiable turgencia en el barrio son los centros comerciales, desde los más discretos, como Dani o Día, hasta el rey por antonomasia, el pionero, el imbatible Alcampo, pasando por Mercadona y Ldl. Y la gente del barrio, que no pierde ripio, se ha apresurado a abrir bares hasta debajo de las piedras. Y creo que todavía no se han detenido los avances en lo que a bares se refiere. A mí me gusta, a pesar del nombre, Quirri, que pone unas tapas buenas y con cuidada presentación.
El edifio ocupa toda una manzana, a la espalda de Alcampo, junto al Día, al final de la avenida de Joaquina Eguaras. Al parecer, en la parte trasera preparan un enorme aparcamiento subterráneo. Supongo que en la superficie pondrán los preceptivos macetones para cubrir la cuota de verdor a la que se sienten obligados, a menos que se les ocurra pintarlo de verde para dibujar en el suelo una gran bandera de Andalucía.
En fin, en cualquier caso, es una buena dotación para el barrio, un impulso que nunca viene mal. Esperamos pues que nuevas gentes lleguen, que todos nos mezclemos y que surjan nuevas oportunidades para todos.
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Funcionariado
jueves, 6 de septiembre de 2007
Talleres de Artistas
Aquí empieza un nuevo espacio que pretende promocionar y ofrecer ideas para mejorar y sanear mi barrio, Almanjáyar.
Deseo que el barrio en el que vivo ofrezca razones o alicientes para ser visitado, y que no solo sea noticia por estar catalogado como zona de especial dificultad o zona marginal por los Servicios Sociales, debido a la tasa de analfabetismo y de fracaso escolar, a las reyertas de clanes, a la gente que va vestida por su peor enemigo, a los atracos, a todos esos asuntos que hacen las delicias de la página de sucesos del periódico. Toda propuesta y comentario al respecto serán bienvenidos.
Estas naves, ahora en manos de las chatarrería y de las fantasías chinoises, están situadas enfrente del Hospital de Traumatología. Cuando paso delante de ellas, me las imagino como un centro de artistas: pintores, escultores, forjadores, dibujantes, videoartistas, músicos, ceramistas... Trabajarían en espacios diáfanos iluminados por esos grandes ventanales. También me imagino algún loft neoyorquino en la parte de arriba, pero eso sería un lujo, y no estamos en Nueva York. Fachada pintada y recuperada.
Periódicamente se organizarían Jornadas de Puertas Abiertas para que estos artistas mostraran sus trabajos y tuvieran la oportunidad de vender.
En la azotea, se instalaría un bar con una gran terraza, buena música (Gotan Project, por ejemplo, o algún grupo de los que podrían ensayar abajo en locales insonorizados), lugar de reunión para favorecer las relaciones sociales en el barrio, entre los artistas, los visitantes y los vecinos, y lugar también para la reflexión, para el debate, para la crítica, para la construcción (sin hormigón). En las noches de verano también tendría cabida un cine en el que se proyectarían películas de calidad, como Los Espigadores y la espigadora, de Agnès Varda.
Personalidades del sector vendrían para dirigir debates sobre el arte, su poder y su necesidad.
Todo esto es posible en Granada.
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